No hace falta inteligencia para saber que estamos aquí de paso, como quien cruza un puente sin saber cuánto durará la neblina. Por eso vale la pena dedicar tiempo y energía a lo que de verdad importa, a aquello que aquieta el ruido interior y nos devuelve la paz. No todo se posee: algunas cosas solo se contemplan. Disfrutar de los espectáculos de la naturaleza —la luz que cambia, el cielo que respira, el silencio que enseña— y capturarlos en mi retina se ha convertido en una de mis aficiones preferidas. Tal vez porque, mientras miro, el tiempo se detiene un instante y la vida es suficiente.
Os comparto unas imagen de mi mar al amanecer. ¡Cuánto me gusta el mar!. Soy una pesada del mar.😂🥰 Feliz domingo.