Ya dejamos atrás,
hace muchos gobiernos y reinados,
el tiempo en que las gentes lo sabían,
que la poesía es fruta bien jugosa
del árbol de las lenguas,
pero en invernaderos se reseca,
su forma queda hueca, y estériles sus huesos,
y el mercado no sabe cómo hacerse con ella
donde crece silvestre, de manera espontánea,
cómo sacarle el jugo
ni cómo congelarla.
Así que nos dijeron que es cosa de gurmés,
que no tiene usuarios ni tirón,
que no produce nada utilizable
para extraer recursos de la gente.
Y, a todo esto dedicando el tiempo,
ando muy distraído del dinero,
rellenando las hojas, su fina densidad,
con fluidos que, según van secándose,
construyen nuevas redes de transporte
que sigo con los ojos y me llevan
el alma hasta que ya no hay duda alguna:
me acerco al territorio del delirio
de ver con claridad, en su ser más opaco,
el futuro pasado
y tratar de avisar de los crueles crepúsculos
plagados de recuerdos,
infestados de minas y de lobos
que nos vamos sembrando por delante,
convencidos de que abrirán camino
a los primeros pasos de los niños,
y acabar apurando que no hay nada
ni nadie al otro lado del papel.
El ansia va creciendo y, preocupado,
lo intento una vez más y bajo hasta el asfalto,
busco algún otro humano,
paupérrimo, me arrastro
de mirada en mirada por las calles,
creyendo que el lenguaje tiene alas
que aún pueden volar sin presupuesto
ni muchos presupuestos ni prejuicios,
pero, cuando parece que consigo
entablar un diálogo,
lo veo interrumpido por la publicidad,
su volumen obsceno
dañando los oídos y los ojos,
masticando la lengua
curada, trabajada,
lijada y acoplada con cuidado,
ahumada en mil batallas contra el clero
y la censura de la burguesía
y la ignorancia de los asustados
por manos y gargantas
de todo género y degeneración
en pos de la verdad
que la poesía nos puede desvelar…
Para que todo ello,
sus potentes recursos, afinados
más allá de lo audible,
haya acabado en manos
de los esclavos de los mercaderes,
que escriben versos sueltos, retorcidos
en un laboratorio de genética
de amor y de terror
sobre lo que tenemos que comprar.