Yo creía que leía a más mujeres que a hombres. Lo he dado por hecho al empezar a escribir esto, me he girado a mirar la estantería y resulta que va bastante a la par. O sea que ni en mi propia biblioteca soy fiable. Lo que pasa, creo, es que las que me marcaron de verdad son ellas. Idea Vilariño dice lo definitivo sin levantar la voz, y eso lo llevo intentando años. Pizarnik escribe desde donde el lenguaje ya no llega. Chantal Maillard piensa mientras escribe, no antes, que no es lo mismo. Gata Cattana. Anne Sexton. Y luego está Isla Correyero, que fue enfermera. Yo también trabajé muchos años en eso, así que puede que no sea imparcial, pero lo que me cautivó no fue reconocerme: fue la distancia con que escribe un territorio que es ajeno a casi todo el que no lo ha pisado. El color de la piel cuando enferma. Los ojos que buscan consuelo donde solo hay batas blancas. Las palanganas. La asepsia de lo profundamente humano, que tarde o temprano nos atraviesa a todos. Yo conozco ese sitio, y sé lo difícil que es escribirlo sin subir la voz ni bajarla. Me arrastra ese saber deshacerse en el lenguaje para construir otra realidad. Ese deslizamiento. Durante un tiempo pensé que eso era “lo femenino”, así, en general. Ya no lo tengo tan claro. Más bien creo que es histórico: a las mujeres se les negó durante siglos el lugar del yo que enuncia y ordena, y desde ese exilio se escribió otra cosa, más oblicua, menos monumental. Lo que admiro no será una naturaleza, será lo que se aprende cuando no te dejan hablar desde el centro. Sobre lo de las antologías, poco puedo decir de primera mano, pero me he puesto a mirarlo. En la antología de Gerardo Diego, la del 27, hay dos mujeres, Champourcin y Josefina de la Torre, y solo en la segunda edición, que en la primera no había ninguna. Y por lo visto hubo quien se opuso a que entrara alguna, así, en general. Luego el relato las dejó caer igualmente. Las Sinsombrero estaban en el mismo cuarto que ellos y no salieron en la foto. Y con Gloria Fuertes pasó algo peor que el olvido: la encogieron a poeta para niños. Igual que con Lorca, del que hablábamos hace poco. El monumento tapa la obra.