Que el ácido de sus temores
nos sirva de corona
mientras la moral inmunda
sangra de rodillas.
Desnúdate de toda culpa
y clávame tu instinto, Matriarca,
eres la yegua del Apocalipsis,
látigo de machos bestiales.
Resucita en mi pulso, Tiamat,
y ahógame en tu lujuria primordial,
destruye a las Valquirias
que violan tus esfinges carmesíes.
Teje alfombras con la ruina
de los siervos, libera a las Furias.
Conmigo se va a la muerte,
dancemos la espiral negra.