No me fío de ellas, no me quieren, solo buscan lo que tengo. ¿Dónde estaban cuando yo me arrastraba por el suelo, medio muerto? En ninguna parte: porque son voraces, porque son traidoras, porque son cobardes. Y ahora, renacido, todos sus juegos de cristal afilado reabren mi herida, me enferman con sus dramas, me culpan de sus vidas. Habitaré en las grietas de su espejo, como un reptil vengativo y frío nacido de sus mentes podridas.