Tu sol nocturno en sombra transfigura el dolor en los ojos que precede a las lágrimas, templario de la luz, arconte del presagio. Debilito a los fuertes con la espada, y con el yugo del escudo siento vibrar la cumbre, diosa agotada en el éter, doncella que desmonta del corcel engañada por lanzas pretorianas. Y en el símil onírico navego, porque creo en lo absoluto, amigo de tu dios, artista recobrado en la vergüenza. Ahogo todo el lago, seco por los reptiles de la mente, y miento por vivir más de la cuenta, negro por la lucha.