¿Cómo ven la IA los más grandes?
A propósito del debate que tuvimos sobre la IA, les comparto una anécdota que me pasó hace unos días. Me encontré a don Agustín, un viejo de la colonia que siempre está sentado afuera de su casa, en una silla de plástico. Nos quedamos platicando un rato y salió el tema de la inteligencia artificial. Le pregunté si ya había oído hablar de eso y me dijo que sí, que su nieta le había enseñado algo: que era una cosa que escribe, que responde, que parece que piensa y que hasta dibuja. Luego le pregunté qué opinaba. Y lo primero que dijo fue: “el diablo sabe muy bien a quién se le aparece”. Me explicó que no llega igual a todos, que a unos los deslumbra y a otros los tienta, que a unos les ahorra trabajo y a otros les quita el oficio. Que no es mala por sí sola, que mala es la mano que la usa sin alma. Después me contó que algo parecido ya había pasado cuando llegaron las primeras carreteras a la ciudad. Que sí, unieron pueblos, pero también hicieron que muchos dejaran de caminar, que ya nadie se detuviera a saludar en el trayecto, que todo empezara a medirse por la rapidez y no por la compañía. Que eso provocó que la gente llegara más lejos, pero también que se encontrara menos. Me llamó mucho la atención lo que él opinada, porque es un señor que no habla de tecnología como alguien que la entiende, pero sí como alguien que ya ha visto pasar muchas cosas. Y también me dijo que, a estas alturas, nada de eso le da miedo.