Al filo de la tarde la sombra se derrama, y el tiempo silencioso deshoja su memoria. Un eco de ceniza, recorre la victoria del día que se apaga, sin voz y sin proclama. La luz se vuelve lenta, dorada porque te ama, y tiembla en los cristales, la frágil trayectoria de todo lo que existe, cuando escribe su historia, con tinta que se borra sobre el roce y la llama. Yo miro cómo muere mi tarde en su retiro, y siento que en su pulso respira la dolencia de una noche sin alas queriendo volar lejos. Mas queda en mí un reparo, como un rastro que miro en forma de un pasado, que insiste en mi conciencia: Maldito sueño en vida, ¡que nos dejó perplejos! Iñaki