Mi ciudadela interna es abrasada
por tus vientos de azufre,
los suspiros volcánicos
que emites me reducen
a limitadas composturas dignas.
Destruyes al soberbio
con la autoridad de los ancestrales,
besas con el dolor de la discordia
a los dignos del fuego,
y tu mente sagrada
protege a los que deben de existir.
Nunca seré de tu dorada estirpe,
pero admiro la fuerza
que irradia tu calor.
Llévate a mi hija amada,
dale la vida de un ser superior.