De testa pajarera y nariz manifiesta
varillas de paraguas por pestañas,
guarda un bramido de hielo en las entrañas
que entre el mentón y el ombligo reverbera.
De vientre seco y el azar entre las piernas,
jugando a la ruleta pasajera
Se envuelve en su espiral,
locuaz y ensimismada,
creyendo, en su delirio
que es la causa, fin y controversia,
y que hasta la lluvia se declara,
para mojarla sólo a ella.