La mujer próspera no se expone a todo.
Se protege. Se honra. Se elige.
A medida que despierta,
su círculo se vuelve más pequeño
y su presencia más grande.
No por miedo.
Por claridad.
Por foco.
Por respeto a la vida que está cultivando.
Entiende que su energía es sagrada
y que todo lo que no suma, se resta de la ecuación.
Por eso selecciona.
Por eso es discreta.
Por eso avanza sin ruido
y con una fuerza que no pide permiso.
Si estás resurgiendo,
rodéate de espacios que expandan tu visión
y mujeres que sostengan tu grandeza.
No todo el mundo merece verte florecer.
Pero tú sí mereces brillar.