Romanticismo Romantico
Hoy Google Fotos me mostró una foto de hace 10 años y me recordó mi primer emprendimiento importante.
Con esto, sufrí un flashback y recordé la experiencia de emprender con inversiones ángeles de empresarios que no están preparados para invertir en una solución de software escalable.
Hace 10 años construí Dxpress. Dxpress era una plataforma innovadora en lo que a pedir delivery de comida se refiere; en ese tiempo, recién se estaba hablando de Uber Eats y PedidosYa prestaba un servicio terrible. No había feedback de la empresa y terminabas llamando directamente al restaurante para, al fin, darte cuenta de que tu pedido jamás les había llegado.
Entonces ideé Dxpress, desarrollé un modelo de negocios, armé mockups y comencé a ser insistente con las únicas personas que yo sabía que les interesaba la solución y podían invertir una suma importante en el desarrollo.
¿Cómo los convencí? Partí por invitarlos a ver un partido de fútbol donde jugaba Chile a la casa de uno de ellos. Estando ahí (30 min antes del partido), les propuse comer algo y pedirlo por PedidosYa; tomé mi teléfono, se lo pasé a uno de ellos con la app abierta y le pedí que realizara la orden.
Comenzó el partido, todos emocionados, estaba siendo un buen partido... hasta que, casi llegando al final del primer tiempo, el hijo de uno de ellos (16 años) pregunta: —Papá... ¿y mi hamburguesa?
Yo callé... y dejé que todo siguiera su curso...
Terminó el primer tiempo y durante el descanso comenzó la ansiedad: —¡¿Dónde está mi comida?! Le pasé el teléfono y le dije: —Averigua...
No había un registro de pedidos, no había una confirmación, no sabíamos a qué restaurante hizo los pedidos... Nervioso, buscó y buscó; demoró, pero logró encontrar el restaurante donde había hecho el pedido más grande (—Papá... ¿y mi hamburguesa?).
Llamó al restaurante y... ¡voilà!, ¡no existía el pedido!
Fue fácil convencerlos de invertir en una solución que te informaba en cada etapa del pedido, te mostraba la ruta del repartidor y dejaba registro de tus compras.
Conseguí una oficina y equipos, contraté a varios desarrolladores (dos backend, dos frontend, un UX/UI y un arquitecto) y comenzamos el desarrollo.
En reuniones, expliqué a los inversionistas que esto sería un MVP para poder validar la solución y escalarla en el tiempo, pero el mayor inversionista era un cacho... No cachaba nada de apps, ni web ni servidores; con suerte usaba el celular y su Porsche Carrera 2017.
En cada reunión de sprint quería más; comparaba nuestra demora con el desarrollo de la página web de su negocio, que había demorado dos semanas, y exigía requerimientos complicados que retrasaban aún más el MVP...
El MVP constaba de tres apps: dos web y una mobile. Una web para los restaurantes y otra para control interno, y la app para los repartidores, que la desarrollamos en Android nativo.
La app del restaurante mostraba los pedidos y el cajero manejaba los estados dependiendo del stock. La app calculaba automáticamente el tiempo promedio de cocina de cada restaurante e informaba al delivery para que retirara el producto; en cada etapa, la app te enviaba notificaciones del estado de tu pedido.
Listos para el lanzamiento, llegaron los inversionistas, todo funcionando para las pruebas; ya teníamos en ese momento varios restaurantes en Las Condes y Vitacura.
Los vasos listos para celebrar y el socio aparece, hace una pausa, mete la mano a su bolsillo, saca su iPhone y me dice: —¿Puedes instalarme la app acá?
—Caos... esto es un MVP, estamos en proceso de validación y pruebas. Las apps para Android e iPhone las desarrollaremos cuando el MVP sea funcional y tengamos ventas activas...
—¡No! No lanzaremos nada, esto no puede ser... No es posible que me citen a un lanzamiento donde no hay nada que lanzar... y bla, bla, bla... Hasta ahí quedó el lanzamiento.
Ahora, a volar a construir aplicaciones para satisfacer la necesidad de "el" inversionista problemático.
Construimos la app, nos lanzamos al mercado... y durante el primer año todo mal.
Jamás entendió que el negocio se basaba en calidad de servicio, que al principio todo es gasto, que más ventas se generaban con más marketing y no tenía forma de validar mi postura.
Un día encontré la solución: un premio al emprendimiento validaría la idea, la inversión, me permitiría conseguir una buena incubadora y una suma importante de dinero de CORFO, como también taparle la boca con datos duros al socio "cacho"...
Participé de un bootcamp de la UC: tres días intensos, con charlas, reuniones con inversionistas, reuniones con coaches, presentaciones desarrolladas en tiempo récord para presentaciones flash... Intenso, pero demasiado enriquecedor.
A esa altura ya teníamos registrados en la app restaurantes en Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, Providencia, La Reina y Peñalolén.
Contábamos con cadenas como KFC, Wendy's y China Wok.
¿Y? ¡GANÉ! Feliz con mi galvano, llegué donde los socios, les conté que había ganado, que tenía reuniones con gente importante donde me podían acompañar como socios, hacer preguntas y obtener las respuestas que esperaban... pero nada de eso resultó... El CACHO no quiso ir, los demás le siguieron la corriente y comenzó el declive...
Jamás entendieron que ese tipo de empresas trabajan a pérdida casi siempre, que la única salida es el exit y que, al llegar a ese punto, sería el win-win.
No me imagino qué hubiera pasado si hubiéramos estado operando durante la pandemia.
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3 comments
Marcelo Salcedo
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Romanticismo Romantico
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