Llenar de letras un papel
no es tarea fácil,
implica extraer el jugo amargo de las heridas
y dejar que el cristal del dolor se asiente
sobre cada palabra escrita.
He derramado el pulso sobre el filo,
donde el amor deja
de ser caricia para
ser herida.
En cada momento
Hubo un toque de dulzura,
una página que
dejó de ser desierto
cuando la tinta se mezcló
con el recuerdo de
unos labios.
No fue un beso, fue un hallazgo,
el aliento de una musa
que habitaba
en mi propia mente,
dictando el trazo exacto
de lo invisible.
Conozco el sabor
del agua seca,
esa que brota de los pozos
donde la carencia es la dueña.
He mirado al fondo de la grieta,
y en lugar de piedras, dibujé nubes,
fragmentos de versos que flotan
hasta llenar el vacío
con la densidad de lo dicho.
El Vuelo de lo que escribo,
mis rimas se han roto.
Ya no buscan el eco
de la última sílaba,
sino el batir desordenado
de un alma que despierta.
He tachado mis
antiguas certezas,
lo que antes era adorno.
Es una corriente
que ignora las márgenes,
siendo algo que se desprende de lo eterno.
Mientras el poema respire,
nada en este mapa de letras conocerá la rigidez de la muerte.... AlmaNegra.