2a parte.......Terminamos el relato: Atrapado en mis botas
Y ¿Los calzoncillos?.......... A los pocos días, desesperado, agarré unas tijeras, los corté como pude y los saqué en tiras. Me quedé sin ropa interior. Para ducharme, me bajaba el vaquero hasta donde la bota me lo permitía, me lavaba mis partes "por secciones" en el bidé o la ducha, y a seguir la marcha. Los vaqueros iban acumulando una mugre legendaria, pero yo iba tan feliz con mis botas de vaca, trabajando en el bar y haciendo mi vida normal. A los tres meses, la situación ya era insostenible. Fui a ver al zapatero del pueblo. Oye, le dije, es que estas botas me encantan, pero es que no me las puedo quitar. Si las cortáramos por detrás... ¿tú me podrías poner una cremallera para recuperarlas? El zapatero me miró como si estuviera loco, pero aceptó el reto. Sí, claro, se puede hacer me dijo. Me tumbé y el hombre sacó las herramientas. Yo estaba temblando: Ten cuidado, no me vayas a cortar el pie. No te preocupes, muchacho, que yo estoy acostumbrado a todo. El zapatero hizo un corte limpio, en línea recta, rajando la piel de la bota desde la caña hasta el talón. En cuanto el cuero cedió, tiró... y por fin, noventa días después, mi pie vio la luz del sol. Lo que encontramos allí dentro fue digno de una película de misterio. **No había ni rastro del calcetín ni de la bolsa de plástico.** El sudor y la fricción de tres meses los habían desintegrado por completo se habían esfumado. Mis pies parecían dos fantasmas: estaban blancos, blancos, blancos, y arrugados como pasas auténticas. Las uñas habían crecido torcidas siguiendo la forma aprisionada de la puntera, pero, curiosamente, estaban limpias como los chorros del oro, lavadas por el propio sudor continuo de aquel verano. Como era de esperar en un pueblo, al zapatero se le fue la lengua y la historia corrió como la pólvora. Durante semanas no se hablaba de otra cosa. Yo, lejos de enfadarme, me reía el primero de mi propia locura. Al final, el zapatero les puso la cremallera y cumplió su palabra: recuperé mis famosas botas de vaca