Ella observa el horizonte con los ojos empañados por una lágrima solitaria que resbala por su mejilla. Acaba de recibir una noticia que ha quebrado su mundo: alguien a quien amaba ha partido, quizás para siempre. Es el instante exacto en el que el alma se rompe, pero también se reconstruye con la fuerza de los recuerdos.