A veces la vida te sienta un momento, como en ese banco rodeado de verde, margaritas y el canto de los gorriones… y sin darte cuenta te obliga a parar y mirar con más calma y perspectiva… y es justo ahí donde empieza el cambio de verdad.
No tengo todo claro, ni mucho menos, pero sí sé que no quiero seguir viviendo en automático. Quiero ir aprendiendo a ser más consciente, a tomar mis propias decisiones y a ser dueña de mi vida, de mi camino y del rumbo que elijo. Construir poco a poco un estilo de vida que de verdad sienta mío.
La vida vuela… y quizás por eso empiezo a entender que no hace falta correr tanto, sino caminar con sentido. Habrá sacrificios, días mejores y otros no tanto, pero todo forma parte de algo más grande que estoy construyendo.
Y al ver escenas así, tan simples y tan bonitas, pienso en lo que de verdad importa. Ojalá tener ese lujo algún día: llegar a esa edad, mirar alrededor y sentirme plena, acompañada y orgullosa de mi camino, de mi familia y de lo que he aportado.
Mientras tanto, solo queda seguir, paso a paso… y agradecer cada día a Dios por la vida, por la salud y por la oportunidad de poder elegir cómo vivirla.