😪Dormir no es lo mismo que dormir bién por Pablo Delgado
Si dormir mal adelgazara, media ciudad estaría desfilando en bañador, con abdominales marcados, sin haber hecho una sentadilla desde la ESO. Pero no. Pasa lo contrario: duermes como un exconvicto en litera de hierro, te levantas con la cara de un cadáver reciente y luego te preguntas por qué tu cuerpo está guardando grasa como si mañana se acabara el mundo y hubiera que sobrevivir a base de michelines. Dormir poco es como poner a unos monos borrachos, con resaca y sin supervisión, a manejar las palancas de tus hormonas. Las del hambre. Las de la saciedad. Las importantes. ¿Qué puede salir mal? Todo. Absolutamente todo. Cuando encadenas noches de sueño corto, roto o directamente criminal, empiezan a pasar cosas por detrás. No las ves. No hacen ruido. Pero luego te saludan desde el espejo y desde el pantalón que ya no sube. Pasa esto: Sube la grelina, que no te habla, te ladra: “COME YA. LO QUE SEA. AHORA MISMO.” Baja la leptina, que es la hormona educada, la que intenta decir: “Oye, campeón, ya está bien, para un poco”. Pero nadie la escucha porque está afónica y en una esquina. Y como además tu cuerpo interpreta que no dormir = estrés = peligro, entra en modo apocalipsis. Modo: — guarda grasa — pide azúcar — abraza ultraprocesados — picotea como una rata nerviosa Y tú dices: “Pero si yo no recuerdo haber comido tanto…” Claro que no. Porque muchas de esas decisiones las tomas medio muerto, con el cerebro funcionando como un Windows del 98. Ese bollito de media mañana “porque necesito algo”. Ese café con cosas dulces por la tarde “porque no soy persona”. Esa cena tamaño banquete medieval “porque hoy fue durísimo y me lo merezco”. Dormir bien no es un extra. No es un bonus. No es “cuando tenga tiempo”. Es el suelo. El puto suelo. Y si el suelo se hunde, todo lo demás se va con él: la dieta, la fuerza de voluntad y la dignidad. Cuando duermes mejor pasan cosas casi mágicas… pero sin magia. Biología pura, aburrida y cabrona: El hambre se regula sola.