Nunca coincidimos, no pude ver cómo dejabas cada gota de tu vida haciendo magia con tu saxo liberando notas y frases que iban directamente al cielo para ponerse a hablar con los pájaros, ellos sí te entendían porque hablabais el mismo idioma, no como los humanos siempre aferrados a la vulgaridad de lo palpable. No pude estar allí para liberarte de la jaula blanca y oro de la que nunca salías, hasta que se rompieron los barrotes.