Hoy quiero invitaros a reflexionar sobre algo que todos enfrentamos: el deseo de controlar lo incontrolable.
Durante mucho tiempo, yo también intentaba anticiparme a todo: situaciones, personas, resultados…
Creía que si lograba mantener todo bajo control, estaría tranquilo. Pero en realidad, lo que hacía era alimentar mi ansiedad.
Aprender a soltar no significa rendirse, sino confiar.
Confiar en que no todo depende de ti, en que el cuerpo puede descansar sin estar en guardia, en que la vida se acomoda incluso cuando tú no la empujas.
Soltar es dejar de resistir lo que ya está ocurriendo.
Y cuando lo haces, algo dentro se libera: el cuerpo respira distinto, la mente se abre y la calma aparece sin tanto esfuerzo.
Reflexión:
A veces el mayor acto de poder no es controlar, sino permitir.
Quiero preguntaros:
¿Hay algo en vuestra vida que os esté costando soltar?
Compartidlo en los comentarios, quizá al ponerlo en palabras empecéis a liberar parte de ese peso.