Originarios,
Quiero hablaros de algo que veo constantemente en consulta y que muchos de vosotros también me habéis comentado: la procrastinación.
Eso de saber que tienes que hacer algo… pero lo vas posponiendo.
Luego.
Mañana.
Cuando tenga más ganas.
Y mucha gente piensa que eso es falta de disciplina o pereza.
Pero desde lo que vemos en neurociencia y en terapia, en la mayoría de los casos no tiene que ver con la pereza, sino con cómo el cerebro intenta protegerse del malestar.
Qué pasa en el cerebro cuando procrastinamos
Cuando tu cerebro percibe que una tarea puede generar estrés, presión, miedo a equivocarte o sensación de no ser suficiente, se activa una parte muy antigua del cerebro: el sistema límbico.
Ahí encontramos estructuras muy importantes como:
La amígdala, que detecta peligro o amenaza.
El tálamo, que procesa la información que recibimos.
El hipotálamo, que activa la respuesta de estrés en el cuerpo.
Si el cerebro interpreta que la tarea es incómoda o emocionalmente intensa, la amígdala lanza una señal de alerta.
Y entonces el sistema nervioso entra en modo evitación.
En ese momento ocurre algo curioso.
La parte del cerebro que usamos para planificar y actuar —la corteza prefrontal— pierde protagonismo frente al cerebro emocional.
Por eso muchas personas dicen algo que seguro os suena:
"Sé lo que tengo que hacer… pero no soy capaz de empezar."
No es que no puedas.
Es que tu cerebro emocional está intentando evitar una experiencia interna desagradable.
La trampa de la dopamina.
Aquí entra otro factor importante: la dopamina.
Cuando evitamos la tarea y hacemos algo más fácil —mirar el móvil, redes sociales, distraernos con cualquier cosa— el cerebro recibe una pequeña recompensa inmediata.
Eso libera dopamina.
Y el cerebro aprende algo muy rápido:
Evitar = alivio inmediato.
Y así se va creando un patrón automático.
No procrastinamos porque queramos.
Procrastinamos porque el cerebro ha aprendido que evitar reduce la tensión.
El sistema nervioso también influye
Cuando una tarea activa miedo, presión o inseguridad, el sistema nervioso simpático puede activarse.
Ese es el mismo sistema que participa en las respuestas de estrés o ansiedad.
El resultado puede ser:
bloqueo
evitación
postergación
dispersión mental
Por eso muchas personas sienten que están paralizadas, aunque sepan perfectamente lo que deberían hacer.
Aquí es donde entra la hipnosis
En mi trabajo terapéutico utilizo la hipnosis precisamente para ir al origen de esos bloqueos.
Cuando una persona entra en estado hipnótico, el cerebro cambia su patrón de actividad y entra en
ondas alfa y theta, estados muy relacionados con:
la relajación profunda
la creatividad
el aprendizaje interno
el acceso al subconsciente
En ese estado la mente consciente se relaja y podemos acceder con más facilidad a los programas automáticos del subconsciente.
Y ahí suelen aparecer cosas como:
miedo al fracaso
perfeccionismo extremo
miedo al juicio
experiencias pasadas de crítica o humillación
creencias como “no soy capaz” o “no soy suficiente”.
Cuando trabajamos estas capas en hipnosis, el cerebro deja de percibir la acción como una amenaza.
Y entonces ocurre algo muy interesante:
la energía que antes se usaba para evitar… se libera para actuar.
Algo que siempre les digo a mis consultantes
La procrastinación casi nunca es un problema de disciplina.
La mayoría de las veces es un problema de regulación emocional interna.
Cuando el cerebro deja de sentir amenaza, la acción aparece de forma natural.
Una pregunta que os dejo para reflexionar
La próxima vez que os descubráis procrastinando, preguntaros esto:
¿Estoy evitando la tarea…
o estoy evitando la emoción que me provoca esa tarea?
Porque muchas veces, cuando entendemos eso, empezamos a ver el problema desde otro lugar.