Faltan tres meses para que la jornada laboral comience a reducirse. Y si tu empresa piensa esperar hasta el 31 de diciembre para hacer los ajustes, ya va tarde. El 1 de enero de 2027 la jornada máxima semanal pasará de 48 a 46 horas. Todavía no llegaremos a las 40 horas. Este será solamente el primer escalón de una reducción gradual que continuará hasta 2030. Pero el cambio no consiste únicamente en quitar dos horas del calendario. Impactará directamente la documentación laboral de las empresas. Los primeros documentos que deben revisarse son los contratos individuales y el Reglamento Interior de Trabajo. ¿Por qué los contratos? Porque deben indicar la duración de la jornada. Si actualmente establecen 48 horas semanales o contienen un horario incompatible con la nueva distribución, deberán ajustarse. Eso no significa hacer que todos los trabajadores firmen un contrato nuevo. Significa revisar cada caso, actualizar los formatos para nuevas contrataciones y, cuando corresponda, preparar convenios modificatorios que respeten la antigüedad, el salario y las demás condiciones laborales. ¿Por qué el Reglamento Interior de Trabajo? Porque ahí deben establecerse los horarios de entrada y salida, los periodos para alimentos, los descansos, los turnos, las reglas de asistencia y el manejo del tiempo extraordinario. Y el RIT no se modifica enviando un correo o cambiando el archivo de Word. Debe trabajarse con la comisión mixta, firmarse, registrarse ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral y comunicarse correctamente a los trabajadores. También viene el registro electrónico de la jornada. Aunque la autoridad todavía debe terminar de definir su alcance, excepciones y características, las empresas ya deberían revisar si su sistema puede identificar entradas, salidas, incidencias y tiempo extraordinario de cada trabajador. El riesgo será llegar a 2027 con tres versiones distintas de la misma jornada: ✅ Un contrato que dice 48 horas. ✅ Un Reglamento Interior que establece otro horario.