La liturgia de lo que se corrompe
Bajo mi lengua
se pudren los nombres
que nunca me atreví a maldecir.
Hay gusanos en los pactos,
moho en los altares
donde ofrecí mi sangre
para comprar la paz.
Durante años
confundí el olor de la muerte
con el incienso.
Ahora la cripta supura.
Las máscaras se desprenden
con jirones de carne.
No cerraré el sepulcro.
Que el hedor ascienda.
Que los ídolos se agusanen.
Que se pudra la culpa.
Esta vez
no seré yo
la que se entierre viva.
Pude expresar lo que se me atragantó, ahora peleando para que mi imagen sea lo que quiero, que no hay manera, incumplo todas las normas 😉