Y ¿Los calzoncillos?..........
A los pocos días, desesperado,
agarré unas tijeras, los corté como pude
y los saqué en tiras.
Me quedé sin ropa interior.
Para ducharme,
me bajaba el vaquero hasta
donde la bota me lo permitía,
me lavaba mis partes
"por secciones" en el bidé
o la ducha, y a seguir la marcha.
Los vaqueros iban acumulando
una mugre legendaria,
pero yo iba tan feliz
con mis botas de vaca,
trabajando en el bar y
haciendo mi vida normal.
A los tres meses, la situación
ya era insostenible.
Fui a ver al zapatero del pueblo.
Oye, le dije, es que estas botas me encantan, pero es que no me las puedo quitar.
Si las cortáramos por detrás...
¿tú me podrías poner
una cremallera para recuperarlas?
El zapatero me miró
como si estuviera loco,
pero aceptó el reto.
Sí, claro, se puede hacer me dijo.
Me tumbé y el hombre
sacó las herramientas.
Yo estaba temblando:
Ten cuidado, no me vayas
a cortar el pie.
No te preocupes, muchacho,
que yo estoy acostumbrado a todo.
El zapatero hizo un corte limpio,
en línea recta,
rajando la piel de la bota
desde la caña hasta el talón.
En cuanto el cuero cedió, tiró...
y por fin, noventa días después,
mi pie vio la luz del sol.
Lo que encontramos allí dentro
fue digno de una película de misterio.
**No había ni rastro del calcetín
ni de la bolsa de plástico.**
El sudor y la fricción de tres meses
los habían desintegrado por completo
se habían esfumado.
Mis pies parecían dos fantasmas:
estaban blancos, blancos, blancos, y arrugados como pasas auténticas.
Las uñas habían crecido torcidas
siguiendo la forma aprisionada
de la puntera, pero, curiosamente,
estaban limpias como los chorros del oro, lavadas por el propio sudor continuo
de aquel verano.
Como era de esperar en un pueblo,
al zapatero se le fue la lengua
y la historia corrió como la pólvora.
Durante semanas no se hablaba
de otra cosa.
Yo, lejos de enfadarme,
me reía el primero de mi propia locura.
Al final, el zapatero les puso la cremallera
y cumplió su palabra:
recuperé mis famosas botas de vaca
y me las seguí poniendo durante mucho tiempo... pero eso sí,
a partir de ese día,
con la cremallera bien abierta
antes de tirar. ¡Bendita juventud!......
....... AlmaNegra.