Escrito en 2020 en Bogotá
Sé que no son las seis en todo el cielo pero puedo escuchar - azul profundo - un grito de color hasta mi suelo desde el único cielo de este mundo. Y puedo acariciar a los fantasmas que me entrega la luna en este borde de noche que en su nacimiento plasma todos los versos, todos los acordes. Ya sé que no son mías las estrellas ni es mío el tiempo que me sobrepasa que, si he dejado, ocultará mis huellas que, si he tenido, borrará mi casa y que se llevará las cosas bellas que pasan a las seis en la terraza.