Vivimos convencidas de que cuidar nuestra salud consiste en entrenar más, comer mejor o perder algunos kilos, sin embargo, existe un hábito del que apenas hablamos y que, probablemente, tenga un impacto igual o incluso mayor en nuestra calidad de vida y es el descanso. Dormir no es un premio que nos damos cuando terminamos todas las tareas del día, es una necesidad biológica, es el momento en el que nuestro cuerpo deja de gastar energía en el exterior para invertirla en reparar, proteger y reconstruir todo lo que hemos vivido durante la jornada. Mientras tú duermes, tu organismo empieza su trabajo más importante y se activa el sistema de defensa del cuerpo, fortaleciendo el sistema inmunológico para protegerte frente a enfermedades. El cerebro pone en marcha un extraordinario proceso de limpieza eliminando proteínas defectuosas y sustancias tóxicas que se acumulan durante el día, como si cada noche realizara una profunda puesta a punto para que al despertar puedas pensar con mayor claridad y sentirte mejor. Al mismo tiempo, se activa el sistema linfático, encargado de eliminar desechos y mantener el organismo en equilibrio. Y, además, se libera la hormona del crecimiento (GH), responsable de reparar tejidos, favorecer la recuperación muscular, mantener la salud de los huesos y ayudar a que nuestro cuerpo se regenere. Es increíble pensar que, mientras creemos que no estamos haciendo nada, nuestro cuerpo está haciendo todo lo posible por cuidarnos por eso muchas veces entrenamos con constancia, llevamos una alimentación saludable y, aun así, sentimos que no recuperamos bien, vivimos cansadas, tenemos más hambre de lo habitual o sentimos que nuestro cuerpo no responde como esperamos y muchas veces es falta de descanso. ¿Crees que estás cansada… o simplemente llevas demasiado tiempo sin descansar de verdad? Dormir entre siete y ocho horas cada noche no solo mejora tu energía al día siguiente también ayuda a regular las hormonas relacionadas con el apetito, favorece la recuperación física, reduce el estrés, mejora la memoria, la concentración y la estabilidad emocional.