A la semana, armé un cerco de lirios
en tu lengua y lo llené de mis verbos:
solo hablarías conmigo.
Al mes, te vendé los ojos con mi forma
y te bailé noches de colores:
solo me verías a mí.
Al año, temblaste bajo el aire
de mis manos y te sentiste trágico:
solo tocarías mi piel.
A la vida, te hice entero mío
y, al hundir tu pecho,
despegó de tu boca abierta el canario.