No me fío de ellas,
no me quieren,
solo buscan lo que tengo.
¿Dónde estaban
cuando yo me arrastraba
por el suelo, medio muerto?
En ninguna parte:
porque son voraces,
porque son traidoras,
porque son cobardes.
Y ahora, renacido,
todos sus juegos de cristal
afilado reabren mi herida,
me enferman con sus dramas,
me culpan de sus vidas.
Habitaré en las grietas de su espejo,
como un reptil vengativo y frío
nacido de sus mentes podridas.