Nada tenía nombre
Si lo tenía
Nada existía aún capaz de pronunciarlo
En la proterozoica noche de los tiempos
No obstante, en Ediacara
Algo trazaba surcos sobre el lecho marino
Un algo balbuciente
Transcribía el dictado inevitable
De sus genes precámbricos
Más tarde un trilobite
Hollaba el fondo hambriento
Calígrafo demente de detritos
Sobre él una gamba inverosímil
Un metro de longitud, ojos poliedro
Dibujaba renglones acechantes
Acuáticos
Indescifrables versos ordovícicos
Algo después
(272 millones de años)
Ya en tierra firme
Saurópodos migrantes en manada
Inscribían fervientes
Galimatías líricos, icnitas
En estratos profundos
Los vientos del Jurásico
Sabiamente escandían
El cortejo nupcial del pterodáctilo
Protopoemas
El poeta es plena mente prescindible
Como demuestra la Paleopoética