Penetré en el cuadro
para poder experimentar
el idioma de lo imposible
desde mis limitaciones.
Intrepidez hecha lince de papel
para recordar que un día fui
un ser virtual en un marco real.
El proceso estaba en marcha.
Entrar.
Plasmar en imágenes el momento.
Salir.
Pero la línea que separaba
ambos mundos se
debió de resquebrajar.
Aquí sigo,
en ese otro estado,
en el que todo es infinito,
sin dolor pero sin presente.
Aquí sigo,
intentando desenredar
el entuerto que a mí misma
me provoqué, sometida
a una eterna vigilia deudora
porque no puedo liquidar
el precio del retorno.