No merecía el daño,
yo solo buscaba ser amado.
Nimbos de negro azul
persiguen mis tristezas,
pero me queda el asombro
de renacer mañana.
Otro color amanece
y el sueño renueva
el tejido del ocaso,
la brasa del crepúsculo
que aviva mi alegría.
Mío es el recuerdo
que olvida perdonar,
desnuda emoción de heridas
más profundas
que todos los misterios
en paz reconciliados.