Escondo el aliento al respirar
porque me aplastan,
la fuerza me destruye, silenciosa,
y la mentira me protege.
Derrota tras derrota, la costumbre
me humilla hasta la médula
y algo viscoso repta por mi ser
mientras abuso de mí mismo.
Mi espíritu es materia maltratada
que busca venganza en la vejez,
y muero por fundirme con el todo,
pero mujeres valiosas me vomitan.
Sufro en este simulacro adulterado
porque la verdad es un desierto,
por eso Aquiles degolló troyanos
como un pastor que corta flores.