La noche no duerme
porque Gaza arde
como si el cielo
hubiera aprendido
a tragar niños.
Hay una madre
que parió en silencio
su útero es un muro sin tumba
su lengua, un alarido
que ni dios escucha.
me abrazo a las noticias
como si fueran un cuerpo
que se deja doler.
Pero no sangra el papel.
sangra ella.
la que perdió los tres hijos
en una sola hora.
como si el tiempo fuera un ladrón
que colecciona cadáveres
con forma de juguete.
La poesía no salva.
pero grita.
grita con las costillas abiertas
con las manos llenas de polvo y ojos arrancados
grita en los escombros donde antes había
pan,
niñez,
ramadan.
Yo no soy palestina.
pero algo en mi pecho
ha dejado de pertenecerme
desde que vi a un niño
sostener a su hermana muerta
como si pudiera
construirle un mañana
en su abrazo.
Todo lo que arde, alguna vez fue amado.
Todo lo que duele, merece ser contado.
Entonces escribo:
con la garganta llena de ruinas
con las manos manchadas de impotencia
con la certeza de que el silencio
también mata.
Y dejo este poema
como un cuerpo más
sobre la tierra rota
esperando que al menos
alguien
le dé sepultura.