Me has dado versos que no pido,
perdiendo besos que no doy.
Pondré mis bocas a la venta
bajo la sombra de un besar.
¿Sabes como versarme,
pintalabial y viva?
Prefiero detenerme así: al intento.
Pintalabial,
¿aprecias un paisaje
de versos y mentiras?
Dame los versos que ni pido,
pídeme besos que no doy.
Pondré a la venta cuatro versos
que nunca ayudan —nunca— nada.
Hay versos que incomodan
y besos condesordenantes.
¿Me quieres al besar?
Ya sabes que el berrinche
no da ningún abasto. ¿O sí?
¿El de otros, o ninguno?
Íntimo el beso disonante,
su brecha, bilabial y consensual,
desemboca en mi boca preferida.
Sí, hay versos que se me hacen en desorden.
Si sabes que no te pido pan y agua,
¿cómo sabes que no te pido versos
bajo las sombras de besares?
Adán anduvo paraísos
en busca de sus bocas.
Eva versó serpientes siendo Adán.
Adanes somos siendo la culpa de sus versos.
La verdad, he serpenteado
sabiendo (¿o no?) de sus versares.
¿Aprecias de verdad la vida,
pintalabial consciente
de versos y patrañas?
Dame el verso que te he pedido,
pide-besos que no daré.
Atiéndeme de versos,
dulzor, ya sabes qué versar.