Cruzo una noche, que se alza leve
sobre ese rumor opaco que hace
temblar los gritos de todo el mundo.
Quiebra la voz el agua, y su yerro,
silencia el canto al ver que mis manos
quieren rozar tu piel sin testigos.
Tras dos días y esta borrachera,
he podido comprenderlo todo:
¡Fue un sueño! Nunca estuviste aquí.
Iñaki