La luz tiembla como un destello roto
donde la lluvia descompone reflejos
que se despliegan sobre un lecho que late,
turbio, espeso, bajo un mundo de barro.
El tiempo también transita en el agua
provocando escalofríos en su espalda,
creando una red de arrugas que asemejan
la huella de una mano octogenaria.
Y tiemblan agua y luz sobre las olas
al compás del pulso lento de los siglos
que contemplan tantos cielos sumergidos
donde nadan preguntas sin orilla.