Mi venganza no será un plan sofisticado.
No habrá disfraces ni intrigas,
ni cartas ardiendo en la cocina;
tampoco será un grito
ni un insulto en la madrugada.
Mi venganza será más simple,
más sutil, casi ingenua:
escribiré tu nombre
sin escribirlo.
Un día encontrarás un libro,
tal vez una antología poética
en el lobby de algún hotel,
en la sala de espera de un aeropuerto
o en una cafetería,
mientras te escondes de la lluvia.
Y aunque ese libro
no tenga tu nombre
ni mi nombre en la portada,
abrirás una página
y leerás un verso que te erice la piel,
porque hablará
de tu manera de reírte con los ojos
y de aquel lugar
que solo mis labios conocían.
Verso tras verso
sentirás esa incómoda certeza
de que esas palabras
te han estado esperando
desde hace años
y, como un fantasma amable
te dolerá una nostalgia
sin origen.
Esa será mi venganza:
Hacer que todas las mujeres
puedan creer,
sin equivocarse,
que ese poema
también habla de ellas;
y que tú seas la única
que nunca llegue a saber
que el que poema más amas
fue escrito para ti.