intenso eres brazo del mar del tiempo
que me abofetea si miro unas fotos
quizá no tan antiguas
y braceo sonriendo tragando espuma
y cangrejos y anécdotas de cuando el viento
o de cuando el libro aquél en Pascuas
me daba igual no usar gafas de sol
quemarme las manos, regañar,
regañarnos
no me fijaba tanto en los perros pequeñitos
las comparaciones eran posiblemente
algo menos importantes pero eran
importantes también, desde luego,
y en estas nadaduras también el petricor
de la tormenta brava no sé por qué
(sí sé por qué)
cómo no, picotear las semillas más brillantes
pasar los dedos por los prados de agua
entre la mar picada
(por lo que ya sabes
por aquello de lo que ya poder cantar
pero no lo navegaremos hoy
hoy son las veladas náuticas de limonada y croqueta
otro día, ya, la sal)
tormenta imperfecta, decíamos con algún
terror menor
pero nos lo pasamos tan requetebién
tantas bendiciones como dinastías de algas
en esta desembocadura sucia
a la que llego flotando
sereno tras la pleamar
el viejo cuerpo de un gran niño