Salieron tus palabras desbocadas,
jauría de navajas encendidas;
mi lengua entre las llagas asfixiada,
rompió por fin el aire decidida.
Desataste furiosa la tormenta,
pero no detuviste así mi huida;
el alma cruel el peso no sustenta,
ni mil abrazos cierran una herida.
Dejas devastada una vida
en barbecho mi corazón
desnuda mi razón perdida
en estado de demolición.