Cuántas risas
han mordido nuestros labios,
cuántos vuelos
han desatado nuestras manos,
cuántos mundos
han habitado nuestras miradas,
cuántas canciones
han compuesto nuestras almas,
cuántos incendios
han prendido nuestros cuerpos,
cuántas mareas
han sacudido nuestras lágrimas.
Cuántas, cuántos…
Cuántos cuentos
nos hemos contado
en noches infinitas por temor a que,
—tarde o temprano—
amaneciera.