La cocina huele a humo;
no se fue del todo anoche
y vuelve ahora, cuando prendo
la luz y veo la taza
con la grieta que continúa
abriéndose más cada día.
En la mesa quedan trozos
de migas de un pan verde,
con los que dibujo al aire
de la nada, solo pienso, no
seguir aquí ensuciando
como un viejo trapo húmedo.
Abro la nevera y la luz
me da en la cara como si fuera
una pregunta simple;
hay una cerveza, medio limón
y ese vacío que parece
ordenado, pero no es así.
Cierro, como si pudiera cerrar
todo lo que sigue abierto
en mí, aunque no haga ruido.
.
Iñaki