La noche cayó, áspera
con su inmensidad
tan vasta que sofoca.
La mente vuela corre,
divaga perdida entre recuerdos
Y anhelos improbables.
El aire se entrecorta.
La vista se humedece.
Y solo escucho los latidos.
Esos latidos, certeros,
que retumban en los sesos inconfundibles.
No son míos, son tuyos.