Hay un rumor distinto en cada rama; sestea, sisea, susurra, silba; un rugido distinto en cada plaza que me espera, me acecha, me mira. El viento es un aliado del silencio; lo incendia, lo interpreta, lo declina; lo esconde, lo cuida, lo va meciendo, lo abraza y lo acompaña en su agonía. Mi silencio es un tiempo ya gastado un laberinto de paredes blancas, un mar de pausas en que me sumerjo. Y el viento me sujeta anonadado; mis pies no reconocen mis pisadas, buscan al yo imposible en cada encuentro.