Murió doce millones de espermatozoides antes y veinticuatro óvulos después. Sus pulmones ahogados en meconio, las lágrimas de una madre tratando de revivirlo. No lo conocí. Nunca lo conoceré. ¿Debería agradecerle el lugar que me cedió? Tal vez a él le hubieran tocado estas heridas y las marcas que llevo en su nombre. ¿Y si yo hubiera muerto en lugar de él? Tal vez me hubiera reprochado el no escribirle poemas de aliento. ¿Quién puede saber? Tal vez recibiría las caricias que nunca tuve o el abrazo de acero o las lágrimas de plomo o los besos de odio o el anhelo de la muerte. Por este rostro disfrazado de genes. Por esta columna inestable de calcio que se derrumba. Por esta enfermedad que no se cura. Por estas extremidades deformadas como araña envenenada. Palpo cada sombra en el desprecio de mis padres y huelo su rabia contenida en su aliento inmejorado. Veo los puntos suspensivos que prolongan mi vida. Las comas que me silencian. Las tildes que me agreden. El punto y aparte con el que inicia un nuevo capitulo. La goma con la que han borrado este error para siempre de su historia...