Dormir será avivar la luz de los metales
Me embriaga el arrebol de la espesura
donde tiembla el aliento del rocío,
y el ámbar que gotea en la blancura
del álamo que llora su extravío.
El fuego cuaja el ágata madura
y el ópalo que sangra en el estío,
el sol enhebra el oro en la arboleda
y el azafrán se prende en la vereda.
El trigo me susurra con su plata
y el bronce se despierta en el ramaje,
el cisne en la esmeralda se recata
y el lago se reviste de celaje.
El alba en el espejo me retrata
sobre el cobre bruñido del follaje,
y bebo en un destello prisionero
el vino de este sueño verdadero.