Tu sol nocturno en sombra transfigura
el dolor en los ojos
que precede a las lágrimas,
templario de la luz,
arconte del presagio.
Debilito a los fuertes con la espada,
y con el yugo del escudo siento
vibrar la cumbre, diosa
agotada en el éter,
doncella que desmonta del corcel
engañada por lanzas pretorianas.
Y en el símil onírico
navego, porque creo en lo absoluto,
amigo de tu dios,
artista recobrado en la vergüenza.
Ahogo todo el lago,
seco por los reptiles de la mente,
y miento por vivir
más de la cuenta, negro por la lucha.