Fueron días de transformación tranquila y de paz. El audio mañana y noche se volvió rutina, fue como una cita conmigo que no quise abandonar. Mi cuerpo también habló. La energía concentrada y estancada fluyó a otros lugares y pude de manera consciente observar a donde iba según estímulos de personas y situaciones. Sin poder manejarla a voluntad, puedo elegir como pensar-actuar ante ella comenzando con una respiración consciente. Seguiré con los audios como un espacio al que puedo acudir, una especie de refugio personal.