Color: Azul.
Me siento así cuando la conversación con el paciente fluye desde la confianza, sin resistencia, y la persona se abre de verdad a explorar lo que siente.
Por ejemplo, cuando me comparte con calma lo que le está pasando con su ansiedad, el insomnio o un trauma, y acepta mirar también la parte familiar o emocional que puede estar detrás.
Lo diferente en mi forma de hablar:
Hablo mucho más pausado, con voz firme y serena.
Escucho más antes de intervenir y hago preguntas que invitan a profundizar, como:
“¿Cuándo fue la primera vez que sentiste esto?”
“¿Qué parte de tu historia crees que se activa aquí?”
“¿Qué emoción aparece en este momento?”
Antes quizá iba más rápido a buscar la solución o explicar el proceso.
Ahora dejo más espacio al silencio y a que la persona encuentre su propia verdad.