El cambio es inevitable.
A veces llega lento, otras veces golpea de golpe.
Y cuando todo parece moverse a la vez, es fácil perderse.
Pero la claridad no depende de que las cosas se detengan,
sino de cómo eliges verlas y organizar tu enfoque.
Tres formas de mantener la claridad ante el cambio:
Respira y observa: no reacciones de inmediato.
Identifica lo esencial: qué merece tu atención y qué puedes soltar.
Actúa con intención: un paso pequeño pero consciente vale más que mil apresurados.
Cuando tu mente está clara, incluso el caos se convierte en una oportunidad para crecer.
¿Qué puedes simplificar o priorizar hoy para sentir claridad aunque todo esté cambiando?
Recuerda: la calma y la claridad no llegan desde afuera,
sino desde tu decisión de sostenerte en medio de la transformación.