Tal vez gritó en la reunión con otros niños.
Tal vez arrebató un juguete.
Tal vez cruzó corriendo sin medir peligro.
Tal vez te contestó horrible y luego lloró.
Aquí es donde muchas mamás sienten culpa.
“Ya no sé si ponerle límite o abrazarla.”
“Ya no sé si es TDAH, berrinche o mala conducta.”
“Ya no sé si castigar o respirar.”
No estás sola. Muchas mamás viven esto todos los días.
En TDAH, la impulsividad suele verse como actuar rápido, hablar encima de otros, no esperar turno, tocar todo, explotar fácil o hacer algo peligroso sin pensar.
En TEA puede verse diferente: a veces la reacción viene por un cambio inesperado, mucho ruido, una textura que molesta, una regla que se rompió o una situación social que no entendió.
Esto cambia todo…
Porque no se guía igual a una niña que no puede frenar, que a una niña que se saturó, que a una niña que no entendió lo que iba a pasar.
En casa se nota cuando la tarea en la mesa termina en pelea.
En la escuela se nota cuando la maestra manda mensaje otra vez.
En la noche se nota cuando el momento de dormir parece una batalla.
Y tú piensas:
Pero ayer sí pudo.
¿Por qué hoy no?
¿Me está retando?
No necesariamente.
Aquí está la clave: antes de castigar, observa qué pasó justo antes.
¿Tenía hambre?
¿Estaba cansada?
¿Hubo cambio de plan?
¿Había demasiados estímulos?
¿Le pediste algo muy largo?
No se trata de justificar todo.
Se trata de entender para corregir mejor.
Aquí es donde deja de ser pelea… y empieza a ser guía.
Baja y contesta la encuesta. Tu respuesta ayuda a saber qué viven más mamás aquí dentro.
¿Qué pasa más seguido con la impulsividad de tu hija?