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Academia Cerebrito - TDAH -TEA

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Comunidad para familias que buscan acompañamiento, guía profesional y estrategias en TDAH, TEA y neurodesarrollo para recuperar calma y estructura.

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Cómo empezar a diferenciar TDAH y TEA en casa
Cuando una mamá no sabe si lo que ve es TDAH, TEA o ambos, suele vivir en alerta. La tarea se vuelve batalla. La hora de dormir se vuelve cansancio. El mensaje de la maestra se siente como un golpe en el pecho. “Hoy no siguió instrucciones.” “Hoy se aisló.” “Hoy interrumpió mucho.” “Hoy hizo berrinche por un cambio.” Y la mamá piensa: “¿por dónde empiezo?” Aquí está la clave: no empieces por el nombre. Empieza por observar el patrón. Paso 1: mira qué pasa antes. ¿Había ruido? ¿cambio de plan? ¿hambre? ¿pantalla? ¿cansancio? ¿muchas instrucciones juntas? Paso 2: mira cómo se ve la dificultad. Si tu hija se para, olvida, interrumpe, empieza y no termina, puede haber señales de TDAH. Si se angustia con cambios, no entiende bien cómo convivir, se satura con ruidos o necesita hacer las cosas igual, puede haber señales de TEA. Paso 3: mira qué la ayuda. Una niña con TDAH puede mejorar con instrucciones cortas: “primero nombre, luego fecha, luego el ejercicio 1”. Una niña con TEA puede mejorar si le anticipas: “hoy vamos al súper, luego casa, luego pijama”. Esto parece simple, pero no lo es. Y esto es lo que muchas mamás no ven: corregir sin entender solo aumenta la pelea. Si en la mesa de tarea le dices “concéntrate” diez veces, pero su cerebro no sabe cómo organizarse, se va a frustrar más. Si en una reunión con otros niños le dices “ve a jugar”, pero no sabe cómo entrar al juego, puede sentirse perdida. No estás exagerando. Tu hija no está rota. Tu casa no tiene que vivir en guerra. Aquí es donde deja de ser pelea… y empieza a ser guía.
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Cómo empezar a diferenciar TDAH y TEA en casa
¿Esto suena más a TDAH, a TEA… o a los dos?
Al final te voy a dejar una pregunta, porque muchas mamás viven esto y no saben cómo nombrarlo. Y sí, puede dar miedo. Cuando tu hija no termina la tarea en la mesa, aunque ya le dijiste 5 veces: “apúrate, concéntrate”, puedes pensar que es TDAH. Cuando se tapa los oídos en una fiesta, se queda pegada a ti y no quiere saludar a otros niños, puedes pensar que es TEA. Pero aquí es donde todo se confunde… Una niña con TDAH puede hablar mucho, interrumpir, cambiar de juego cada 3 minutos, perder los colores, olvidar la mochila y decir “sí te escuché” aunque no hizo nada. Una niña con TEA puede jugar sola no porque no quiera a los demás, sino porque no sabe cómo entrar al juego. Puede repetir siempre el mismo tema, molestarse si cambian la ruta a la escuela o sufrir muchísimo en el momento de dormir porque su cuerpo no logra bajar la intensidad del día. Esto cambia todo: la conducta se puede ver parecida, pero la raíz no siempre es la misma. En TDAH la dificultad suele estar más en regular la atención, los impulsos y la energía. En TEA la dificultad suele estar más en la comunicación social, la flexibilidad y cómo procesa el ambiente. Y algunas niñas pueden tener ambos. Sí, ambos. No estás confundida porque “no sabes observar”. Estás confundida porque de verdad pueden mezclarse señales. Muchas mamás llegan diciendo: “en la escuela me dicen una cosa, en casa veo otra y ya no sé qué pensar”. No estás sola. No estás fallando. Tu duda tiene sentido. Aquí está la clave: observar cuándo pasa, con quién pasa, qué lo detona y qué ayuda a calmar. Cuando empiezas a verlo diferente… todo cambia. Baja y responde la encuesta. Tu respuesta puede ayudar a otra mamá a decir: “a mí también me pasa”. ¿Qué te hace dudar más en tu hija?
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¿Esto suena más a TDAH, a TEA… o a los dos?
No es lo mismo TDAH que TEA… y entenderlo puede cambiar tu casa
A veces una mamá mira a su hija y piensa: “¿Por qué un día sí puede y otro día no?” “¿Será que no me escucha?” “¿Estoy haciendo algo mal?” Y no, mamá. No estás exagerando. No estás inventando. No eres mala mamá. Aquí es donde todo se confunde… Una niña con TDAH puede estar en la mesa con la tarea enfrente, mover la pierna, jugar con el lápiz, pararse por agua, regresar, borrar todo y decir: “ya no puedo”. No es flojera. Su cerebro batalla para sostener la atención y terminar lo que empezó. Una niña con TEA puede llorar porque cambiaron el plan, porque la etiqueta de la blusa pica, porque el ruido de la reunión con otros niños le duele como si fuera demasiado. No es berrinche “porque sí”. Su cerebro puede sentir el mundo más fuerte. Y esto es lo que muchas mamás no ven… A veces se parecen. Las dos pueden explotar en la noche. Las dos pueden no contestar cuando les hablas. Las dos pueden tener problemas en la escuela. Las dos pueden hacer que la maestra mande mensaje: “hoy no trabajó”, “se aisló”, “interrumpió mucho”, “no siguió instrucciones”. Pero la razón puede ser muy diferente. En TDAH suele haber mucha impulsividad, movimiento, distracción y dificultad para esperar. En TEA suele haber más necesidad de rutina, dificultad para entender ciertas señales sociales, intereses muy intensos o sensibilidad a ruidos, texturas o cambios. Aquí está la clave: no se trata de ponerle una etiqueta a tu hija. Se trata de entender qué necesita. Porque cuando una mamá entiende mejor, pelea menos. Respira más. Acompaña distinto. Y no es que no quieras ayudarla… es que nadie te explicó esto así. ¿En qué momentos sientes más duda: cuando no te escucha, cuando explota, cuando socializa o cuando hace la tarea?
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No es lo mismo TDAH que TEA… y entenderlo puede cambiar tu casa
Cómo cuidar la alimentación sin caer en promesas mágicas
Cuando una mamá escucha “el TDAH se cura con dieta”, puede sentir esperanza. Y también mucha culpa. Porque piensa: “entonces si mi hija sigue batallando, tal vez es porque no lo estoy haciendo bien”. No estás fallando. No estás exagerando. Aquí es donde deja de ser pelea… y empieza a ser guía. La alimentación puede ser una gran aliada, pero no debe venderse como una cura mágica. En la práctica clínica, lo importante es mirar a la niña completa: sueño, escuela, emociones, movimiento, rutina, conducta, aprendizaje y alimentación. Aquí está la clave. No se empieza quitando todo. Se empieza observando. Paso 1: revisa el desayuno. Una niña que va a la escuela solo con pan dulce o leche puede tener hambre pronto. Agregar proteína, como huevo, yogurt natural, frijoles, queso o pollo, puede ayudar a que su energía sea más estable. Paso 2: cuida los horarios. Si sale de la escuela y pasan muchas horas sin comer, la tarea en la mesa puede volverse una batalla. No porque “no quiera”, sino porque su cuerpo ya está agotado. Paso 3: observa cambios reales. Si después de ciertos colorantes, bebidas o dulces notas más irritabilidad, anótalo. No para asustarte. Para entender. Paso 4: no castigues la comida. Una fiesta, un pastel o una galleta no destruyen el avance de tu hija. Lo que más ayuda es la constancia de todos los días. Paso 5: evita promesas absolutas. Si alguien te dice “con esto se cura”, prende una alerta. El TDAH necesita acompañamiento serio, no soluciones que culpan a la mamá. Muchas niñas mejoran cuando su cuerpo está mejor cuidado. Pero también necesitan límites claros, instrucciones cortas, descanso, movimiento y apoyo emocional. Esto cambia todo: tu hija no necesita una mamá perfecta. Necesita una mamá informada, acompañada y menos sola.
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Cómo cuidar la alimentación sin caer en promesas mágicas
¿La comida empeora el TDAH?
Porque esto lo viven muchísimas mamás y casi nadie lo habla con calma. Hay días en los que tu hija desayuna bien y aun así no logra sentarse a hacer la tarea. Hay días en los que come pastel en una fiesta y parece que “se prende”. Y hay días en los que no comió casi nada, llega irritable, llora por un cambio pequeño y explota porque su hermano tomó su juguete. Aquí es donde todo se confunde… La alimentación sí importa. Pero no de forma mágica. No es lo mismo decir: “si come azúcar tendrá TDAH”, que decir: “si no duerme bien, come mal, pasa muchas horas sin proteína y llega cansada, puede regularse peor”. Eso sí puede pasar. No estás inventando cosas. Y esto es lo que muchas mamás no ven: el cerebro de una niña con TDAH ya trabaja con más esfuerzo para frenar impulsos, esperar turnos, seguir instrucciones y terminar tareas. Entonces, si además llega con hambre, con sueño o con muchos cambios en el día, todo se vuelve más difícil. En TDAH puede verse como: “no termina”, “se distrae”, “contesta rápido”, “se mueve mucho”. En TEA puede verse más como: “rechaza texturas”, “come siempre lo mismo”, “se altera si cambia el plato”, “se angustia con olores o sabores”. A veces se parecen. Pero no son lo mismo. Aquí está la clave: no se trata de castigar alimentos, se trata de observar patrones. ¿Qué pasa cuando desayuna con proteína? ¿Qué pasa cuando cena muy tarde? ¿Qué pasa cuando llega de la escuela sin comer? ¿Qué pasa en el momento de dormir? Cuando empiezas a verlo diferente… todo cambia. Baja y responde la encuesta. Tu voto ayuda a que más mamás sepan que no están solas. ¿Qué es lo que más te preocupa sobre alimentación y TDAH?
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Abraham Dayán Nahmad
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@abraham-dayan-nahmad
Neuropediatra | Creador de Academia Cerebrito, escuela para padres sobre TDAH, TEA y neurodesarrollo | Autor y editor de libros sobre TDAH.

Active 12m ago
Joined Apr 18, 2026
México
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