A veces una persona no dice lo que le duele, no expresa lo que le pesa y no encuentra palabras para explicar lo que está sintiendo. Pero el cuerpo y las emociones sí hablan.
Hablan en forma de cansancio, irritabilidad, ansiedad, llanto, enojo o necesidad de aislarse.
Por eso es tan importante aprender a escuchar lo que sentimos antes de que se convierta en una carga más pesada. No todo enojo es rebeldía. No todo silencio es indiferencia. Y no toda tristeza se nota a simple vista.
Acompañar también significa mirar más allá de la conducta y preguntarnos con amor:
¿Qué emoción está intentando salir?